05 marzo 2006

Las buenas intenciones. Un obstáculo al aprendizaje


Es frecuente escuchar a las personas justificando lo que hizo, en base a las buenas intenciones con que actuó. Es una explicación que parece bastar por sí sola, y no parece ameritar mayor investigación. Por supuesto la explicación se da sólo en caso de resultados insatisfactorios, en los que hay cierto bochorno por los resultados. No he visto explicando éxitos en base a buenas intenciones.

En mi experiencia como coach, no he encontrado que personas actúen con malas intenciones, por tanto el actuar desde las buenas intenciones debería ser obvio, las malas intenciones solo parecen ser obras de los otros, de los malos.

Si descartamos las malas intenciones, lo que de partida quita toxicidad a nuestras conversaciones, la justificación de nuestros actos con resultados no exitosos, queda sólo en términos que no teníamos las competencias requeridas para actuar de acuerdo a lo que la ocasión requería. Y si asumimos responsabilidad con esa explicación, surge la conversación del aprendizaje que posibilita que el error no se vuelva a cometer. Aprendemos así de nuestros fracasos.

La fotografía ilustra la idea, o dudamos de las intenciones o dudamos de las competencias de estos líderes para el logro de las metas que se proponen. La primera interpretación lleva a más guerra, la segunda nos abre esperanzas. El ser humano tiene la capacidad de aprender.

Resulta ver como esta situación la vivimos a diario en diversas situaciones, lo vemos por ejemplo en la persona que llega tarde a una reunión e indica "disculpen". Si le pedimos explicaciones dirá que fue sin intenciones, y es sincera en ello, pero no se hace cargo de la molestia que genera. Distinto sería escuchar a esa persona que diga. "Lo lamento, he aprendido de esto y no volverá a ocurrir."

Si cuidamos mirar nuestras faltas de competencia para lograr determinados resultados, en vez de analizar nuestras intenciones, damos pasos significativos a nuestro aprendizaje.

3 comentarios:

Gonzalo Castillo Navasal dijo...

Es sano y difícil tener la inquietud por la confiabilidad ante mis semejantes, cuando asumo mis errores y además hago la promesa ante otros y ante mí mismos de que no volverá a ocurrir, me obligo a cambiar conductos y además a ponerme en la posición del otro.

Más difícil quizás, que hacer un comentario en primera persona acerca de lo que yo interpreto de publicación.

Mauricio Rebolledo dijo...

El reconocer las cegueras cognitivas es el primer paso...pero ¿como reconocer que no se?...o ¿como sabre que no veo?.
Acá en mi opinión está la esencia del coaching...en mostrar nuevas referencias y mostrar que es posible.
Lo primero que las sociedades construyen son los estereotipos y los prejuicios.
¿Te suena conocido...?
"Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto" - Albert Einstein.

Atte.
Mauricio

Andrea Brandes dijo...

Los errores en los demás, los perdonamos partiendo de la base que no hay mala intención, (si nó, sería para patearlos...!).
Referente a las competencias, a mi me pasa al revés. Siento que muchas veces me toca hacer cosas para las que no tengo las hablidades que requiere una tarea específica, sin embargo tengo que arreglármelas.